miércoles, 18 de febrero de 2026

Solicitud de los pobladores del puerto de Pisco para la fiesta de San Ignacio de Loyola - Pisco 1629

Durante el mes de julio, los jesuitas y otras comunidades religiosas a menudo realizan actividades y celebraciones en honor a San Ignacio, destacando su vida, obra y enseñanzas espirituales, especialmente los Ejercicios Espirituales.

En el Archivo Arzobispal de Lima existe un manuscrito que menciona al puerto de Pisco por el año de 1629. "La fiesta de San Ignacio de Loyola, compartimos la solicitud de los pobladores del puerto de Pisco para que el 31 de julio sea declarado como su fiesta local en agradecimiento a los religiosos de la Compañía de Jesús que viven en el puerto y que siempre los ayudan".
investigación : Víctor Peña Mendoza




MARÍA ROSA MACEDO Pintora y Escritora Pisqueña


María Rosa nació en Humay, Pisco (Ica) el 2 de abril de 1909, en los pisos de tablón y techos altos de la hacienda de Montesierpe, de adobe y tapial, patios de suelos con pedregal, y los cúmulos ordenados de tinajas, lagares, prensas, bodegas y depósitos de maceración de hoy uno de los piscos de exportación más caros del Perú...
La niña, hija de terrateniente con doña Alicia Cánepa, siguió el derrotero de toda señorita acaudalada: el Colegio de los Sagrados Corazones de Lima...
Pero María Rosa salió de aquel sendero de toda "niña bien", al ingresar como periodista en la revista "Variedades" a fines de la década de 1920. Con el cierre de esta publicación en julio de 1931, colabora en El Comercio, La Crónica y La Prensa de Lima y de Buenos Aires (Argentina).
En esos avatares donde las mujeres ingresaron ya desde fines del Siglo XIX, María Rosa saltó las bardas hacia predios donde las peruanas no existían o eran menospreciadas bien entrado el Siglo XX: la Literatura.
Era 1939 cuando María Rosa junto a doña Delia Castro González, doña María Wiesse, doña Delia Colmenares, doña Julia Clayssen, doña Elvira García y García, doña Magda Portal, doña Rosa Arciniega, doña María Negrón y doña Zoila Aurora Cáceres, irrumpen en el mercado editorial limeño...
Su "Ranchos de caña" (1941), compendio de cuentos y relatos de sus nostálgicos pasajes en la hacienda Montesierpe, no de forma florida, de trajes lila, marimoñas ni sombreritos de flores extrañas, sino retratando a los peones, a los campesinos (la mayoría indígenas y afroperuanos) y su relación con los "patrones"...
La diferencia de María Rosa con el indigenismo reinante en la década de 1940, es que brotaba del resentimiento, del maniqueísmo que colocaba al indio y al negro como animales maltratados por el vil gamonal, los cuales necesitaban la magnánima salvación de la intelectualidad peruana...
María Rosa buscaba coser la herida social de la Peruanidad, construyendo relatos donde plasmaba la injusticia, el racismo, la modernidad contra el feudalismo agrario en el Perú, y episodios donde el explotado se relacionaba con el explotador, ambos con pecados, virtudes y miserias, pero ambos peruanos quienes se reconocían como tales, a pesar del contexto aciago...
Con Rastrojo (1943), ese estilo, esa cruzada de María Rosa alcanza su cima a través de una hija de esclavos, Martina y su descendencia en cuyo devenir ingresan costumbres, hábitos, el campo y la ciudad, pero sin víctimas ni victimarios, sino todos los personajes en gris, color del ser humano imperfecto en cada uno de sus huesos...
Ese mismo año de 1943, "Rastrojo" gana el 1er premio en la categoría novela en el 2º Concurso Literario Latinoamericano de la editorial Farrar & Rinehart de Nueva York (EEUU)...
Le siguió "Hombres de tierra adentro" (1948), cuentos donde fue precursora del “realismo mágico”, género literario que surgiría recién en 1968...​
María Rosa estudió escultura y pintura en la Escuela Nacional de Bellas Artes donde conoció a don José Arnaldo Sabogal Diéguez, pintor y su amigo, además de profesor y ensayista cajamarquino, iniciador de la pintura indigenista en el Perú y quien a partir de 1932 dirigiría la misma escuela...
Fue reconocida en su tiempo, al grado que un joven periodista le entrevistó en 1955 quien luego, muchas décadas después, ganaría el Premio Nobel de Literatura: don Mario Vargas Llosa...
Sin embargo, con el radicalismo social, los vientos huracanados de la revolución cubana (1959), difuminaron a María Rosa en la memoria intelectual y literaria peruana para luego, incluso, blasfemar de su obra e intento por rescatar la Peruanidad en tiempos que muchos la petardeaban, calificándola de ingenuo y obviamente, femenino...
Doña María Rosa Macedo Cánepa falleció el primer día del año 1991, a los 82 años de edad, en Lima...
Los tributos y homenajes, como ya es rito infame en el Perú, vinieron después.
(Fuente: "Los desheredados de la fortuna. Identidades y subalternidades en Rastrojo-1944, de María Rosa Macedo". Mariana Libertad Suárez. 2012. Universidad Simón Bolívar de Caracas-Venezuela)
(Imagen: Retrato de doña María Rosa Macedo. 1958. Colección Wiesse-Thorndike.

Idolatría de los naturales del Pueblo de la Magdalena de Pisco

La idolatría de los naturales, particularmente de los siglos XVI y XVII, consistía en la veneración de huacas, deidades, elementos naturales (cerros, Islas, puquio, piedras) y ancestros (malkis), persistiendo tras la conquista española. Esto provocó la "extirpación de idolatrías", una campaña eclesiástica para destruir ídolos, castigar a los indígenas y convertir al catolicismo, resultando en un sincretismo religioso.

En un documento referente a la extirpación de las idolatrías entre los naturales de la región andina, campaña realizada en Pisco por el religioso Alonso Osorio en 1620, éste manifestó que las tres islas de Chincha eran consideradas como huacas que tenían por nombres los de: Urpayhuachaca, Quillayraca y Vinchurriayoc.
Albornoz (1967), importante investigador de las campañas
de extirpación de la religión indígena en el siglo XVII, también
nombra para Chincha a la isla Urpay Huachaca.
Ahora bien, se trataba de una divinidad costeña, propia de los pescadores y a la que se atribuía ser la responsable de la existencia en el mar de los peces y de las aves marinas. Según Ávila (Taylor 1987), Urpay Huachac era una esposa del dios Pachacamac y su culto estuvo muy extendido (Rostworowski 1983)
Los artefactos hallados en el guano
Durante la fiebre del guano en el siglo XIX, varios artefactos arqueológicos fueron recuperados de entre las capas de estiércol. Es posible que la mayor parte de los objetos encontrados no fueran manifestados, tanto por ignorancia como por el deseo de apropiárselos.
Además durante el virreinato los hispanos buscaron incansablemente los tesoros en todo el país, ya fuesen ellos de los difuntos o de huacas, práctica que era común y muy extendida en los siglos XVI y XVII y de la cual no se libraron las islas (Zevallos Quiñones 1994).
La extracción del guano de las islas realizada en el siglo pasado se hizo en ausencia de personas interesadas en el pasado, situación que ocasionó la pérdida irrecuperable de la información.
En ese entonces no se podía pensar en la intervención de un arqueólogo, pues aún no los había en el país, pero la riqueza del antiguo Perú en oro y plata fue tan abrumadora que no podían faltar los tesoros en las islas, depositados como ofrendas a las huacas y a los difuntos.
Investigación: Víctor Peña Mendoza