María Rosa nació en Humay, Pisco (Ica) el 2 de abril de 1909, en los pisos de tablón y techos altos de la hacienda de Montesierpe, de adobe y tapial, patios de suelos con pedregal, y los cúmulos ordenados de tinajas, lagares, prensas, bodegas y depósitos de maceración de hoy uno de los piscos de exportación más caros del Perú...
La niña, hija de terrateniente con doña Alicia Cánepa, siguió el derrotero de toda señorita acaudalada: el Colegio de los Sagrados Corazones de Lima...
Pero María Rosa salió de aquel sendero de toda "niña bien", al ingresar como periodista en la revista "Variedades" a fines de la década de 1920. Con el cierre de esta publicación en julio de 1931, colabora en El Comercio, La Crónica y La Prensa de Lima y de Buenos Aires (Argentina).
En esos avatares donde las mujeres ingresaron ya desde fines del Siglo XIX, María Rosa saltó las bardas hacia predios donde las peruanas no existían o eran menospreciadas bien entrado el Siglo XX: la Literatura.
Era 1939 cuando María Rosa junto a doña Delia Castro González, doña María Wiesse, doña Delia Colmenares, doña Julia Clayssen, doña Elvira García y García, doña Magda Portal, doña Rosa Arciniega, doña María Negrón y doña Zoila Aurora Cáceres, irrumpen en el mercado editorial limeño...
Su "Ranchos de caña" (1941), compendio de cuentos y relatos de sus nostálgicos pasajes en la hacienda Montesierpe, no de forma florida, de trajes lila, marimoñas ni sombreritos de flores extrañas, sino retratando a los peones, a los campesinos (la mayoría indígenas y afroperuanos) y su relación con los "patrones"...
La diferencia de María Rosa con el indigenismo reinante en la década de 1940, es que brotaba del resentimiento, del maniqueísmo que colocaba al indio y al negro como animales maltratados por el vil gamonal, los cuales necesitaban la magnánima salvación de la intelectualidad peruana...
María Rosa buscaba coser la herida social de la Peruanidad, construyendo relatos donde plasmaba la injusticia, el racismo, la modernidad contra el feudalismo agrario en el Perú, y episodios donde el explotado se relacionaba con el explotador, ambos con pecados, virtudes y miserias, pero ambos peruanos quienes se reconocían como tales, a pesar del contexto aciago...
Con Rastrojo (1943), ese estilo, esa cruzada de María Rosa alcanza su cima a través de una hija de esclavos, Martina y su descendencia en cuyo devenir ingresan costumbres, hábitos, el campo y la ciudad, pero sin víctimas ni victimarios, sino todos los personajes en gris, color del ser humano imperfecto en cada uno de sus huesos...
Ese mismo año de 1943, "Rastrojo" gana el 1er premio en la categoría novela en el 2º Concurso Literario Latinoamericano de la editorial Farrar & Rinehart de Nueva York (EEUU)...
Le siguió "Hombres de tierra adentro" (1948), cuentos donde fue precursora del “realismo mágico”, género literario que surgiría recién en 1968...
María Rosa estudió escultura y pintura en la Escuela Nacional de Bellas Artes donde conoció a don José Arnaldo Sabogal Diéguez, pintor y su amigo, además de profesor y ensayista cajamarquino, iniciador de la pintura indigenista en el Perú y quien a partir de 1932 dirigiría la misma escuela...
Fue reconocida en su tiempo, al grado que un joven periodista le entrevistó en 1955 quien luego, muchas décadas después, ganaría el Premio Nobel de Literatura: don Mario Vargas Llosa...
Sin embargo, con el radicalismo social, los vientos huracanados de la revolución cubana (1959), difuminaron a María Rosa en la memoria intelectual y literaria peruana para luego, incluso, blasfemar de su obra e intento por rescatar la Peruanidad en tiempos que muchos la petardeaban, calificándola de ingenuo y obviamente, femenino...
Doña María Rosa Macedo Cánepa falleció el primer día del año 1991, a los 82 años de edad, en Lima...
Los tributos y homenajes, como ya es rito infame en el Perú, vinieron después.
(Fuente: "Los desheredados de la fortuna. Identidades y subalternidades en Rastrojo-1944, de María Rosa Macedo". Mariana Libertad Suárez. 2012. Universidad Simón Bolívar de Caracas-Venezuela)
(Imagen: Retrato de doña María Rosa Macedo. 1958. Colección Wiesse-Thorndike.






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