La idolatría de los naturales, particularmente de los siglos XVI y XVII, consistía en la veneración de huacas, deidades, elementos naturales (cerros, Islas, puquio, piedras) y ancestros (malkis), persistiendo tras la conquista española. Esto provocó la "extirpación de idolatrías", una campaña eclesiástica para destruir ídolos, castigar a los indígenas y convertir al catolicismo, resultando en un sincretismo religioso.
En un documento referente a la extirpación de las idolatrías entre los naturales de la región andina, campaña realizada en Pisco por el religioso Alonso Osorio en 1620, éste manifestó que las tres islas de Chincha eran consideradas como huacas que tenían por nombres los de: Urpayhuachaca, Quillayraca y Vinchurriayoc.
Albornoz (1967), importante investigador de las campañas
de extirpación de la religión indígena en el siglo XVII, también
nombra para Chincha a la isla Urpay Huachaca.
Ahora bien, se trataba de una divinidad costeña, propia de los pescadores y a la que se atribuía ser la responsable de la existencia en el mar de los peces y de las aves marinas. Según Ávila (Taylor 1987), Urpay Huachac era una esposa del dios Pachacamac y su culto estuvo muy extendido (Rostworowski 1983)
Los artefactos hallados en el guano
Durante la fiebre del guano en el siglo XIX, varios artefactos arqueológicos fueron recuperados de entre las capas de estiércol. Es posible que la mayor parte de los objetos encontrados no fueran manifestados, tanto por ignorancia como por el deseo de apropiárselos.
Además durante el virreinato los hispanos buscaron incansablemente los tesoros en todo el país, ya fuesen ellos de los difuntos o de huacas, práctica que era común y muy extendida en los siglos XVI y XVII y de la cual no se libraron las islas (Zevallos Quiñones 1994).
La extracción del guano de las islas realizada en el siglo pasado se hizo en ausencia de personas interesadas en el pasado, situación que ocasionó la pérdida irrecuperable de la información.
En ese entonces no se podía pensar en la intervención de un arqueólogo, pues aún no los había en el país, pero la riqueza del antiguo Perú en oro y plata fue tan abrumadora que no podían faltar los tesoros en las islas, depositados como ofrendas a las huacas y a los difuntos.






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